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¿Por qué el jamón suda?

¿Por qué el jamón suda?

Seguro que te ha pasado. Empiezas a cortar una pieza y aparece ese brillo aceitoso en la superficie. O sube la temperatura en casa y el jamón empieza a verse más brillante de lo habitual. Cuando eso ocurre sobre todo si la pieza venía en una cesta de Navidad y la abres tiempo después es normal preguntarse si está en buen estado.

La respuesta, en la mayoría de los casos, es: “Tranquilo/a Ese “sudado” es algo completamente natural.” Y de hecho, suele ser buena señal.

La grasa tiene la culpa y es algo bueno

La grasa infiltrada

En un buen jamón, especialmente en un Jamón ibérico, la grasa no está solo en el borde, también está infiltrada dentro del músculo. Esa infiltración es la que aporta jugosidad y sabor.

Cuando la temperatura sube, esa grasa empieza a fundirse ligeramente y aflora hacia el exterior. No es que el jamón “transpire”, simplemente la grasa se vuelve más fluida.

Y cuanto más infiltrada esté la grasa, más probable es que aparezca ese brillo. Por eso, muchas veces, que sude es señal de calidad.

La curación influye

Los jamones con curaciones largas y naturales desarrollan grasas más aromáticas y delicadas. Esa grasa reacciona antes al calor.

Por eso las piezas bien curadas suelen mostrar ese aspecto brillante con más facilidad que productos más industriales.

El entorno también importa

Temperatura

A partir de unos 20–22 ºC la grasa empieza a ablandarse. En verano o en una estancia cálida, el sudado es casi inevitable.

También ocurre cuando empezamos a cortar: la parte interior del jamón pasa de estar protegida a estar en contacto con un ambiente más templado.

Ventilación

Un espacio poco ventilado hace que la grasa se acumule en superficie. En cambio, si hay algo de corriente de aire, el jamón se mantiene más equilibrado.

No necesita frío extremo, pero sí un lugar fresco y aireado.

Cuándo es normal y cuándo no

En la mayoría de los casos, el sudado es completamente normal si: 

  • La grasa es transparente o ligeramente amarilla.
  • Huele bien (a jamón, sin notas raras).
  • La textura es aceitosa, no pegajosa.

En ese caso, basta con pasar un poco de papel de cocina por la superficie y listo.

Ahora bien, hay que prestar atención si: 

  • Aparece olor desagradable o rancio.
  • La superficie está viscosa.
  • Se ven manchas extrañas en la carne.
     

Ahí ya no hablamos de grasa fundida, sino de un problema de conservación.

Errores habituales

Algunas reacciones impulsivas que conviene evitar: 

  • Pensar que sudar significa que está en mal estado.
  • Limpiarlo con agua.
  • Meterlo en la nevera sin proteger.
  • Envolverlo completamente en plástico.
     

El jamón necesita respirar. Taparlo en exceso o cambiarlo bruscamente de temperatura puede afectar más que el propio sudado.

¿Defecto o virtud?

En la mayoría de los casos, es una virtud.

Un jamón que suda suele ser más jugoso. Además, la grasa es portadora de aroma y sabor. Ese brillo en el corte es algo que muchos buscan.

Cuando entiendes que ese “sudor” es simplemente grasa fundiéndose ligeramente, desaparece la preocupación y solo queda lo importante, disfrutarlo como se merece. 


 
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